Es él quien decide lo que va a hacer, y lo que no hará bajo ninguna circunstancia.

Hay momentos en que la vida lo conduce hacia una crisis: se ve forzado a separarse de cosas que siempre amó. Entonces el guerrero reflexiona. Analiza si etá cumpliendo la voluntad de Dios o si actúa por egoísmo, y en el caso de que la separación esté realmente en su camino, la acepta sin protestar.

Si por el contrario, tal separación fue provocada por la perversidad ajena, él es implacable en su respuesta.

El guerrero es dueño del golpe y del perdón. Y sabe usar los dos con la misma habilidad.

Paulo Coelho